El síndrome de la fatiga informativa

¿El silencio es válido a la hora de hablar de contenidos? ¿Los usuarios pueden llegar a valorar este aspecto en las marcas? 

Podrían ser preguntas salidas de tono en un entorno que todo el tiempo parece pedir ventas y consumo, pero tal vez ya hay que pensar en los futuros rebeldes, esos que verán en la desconexión programada (puede que no definitiva) una opción para mantener su equilibrio mental, y por ende, emocional.

Las enfermedades mentales son protagonistas en estos tiempos: la ansiedad provocada por el exceso de información y ser el autotirano de las metas a cumplir, ha llevado a que la comparación entre la vida del usuario y a quienes sigue se convierta en un conflicto. El exceso de información, que no se concluye, sino que está en un constante desarrollo, y que se pide cada vez más novedad desde sus historias, formatos, frecuencias y fuentes; determinan un ritmo frenético de generación de contenido y consumo que se despliega en un círculo vicioso que reta la calidad y el sentido de los mismos.

La importancia de la conclusión

Como dice Byung-Chul Han: “No es casualidad que la indecisión, la incapacidad de resolución, sea un síntoma de la depresión. La depresión es característica de un tiempo en el que se ha perdido la capacidad de concluir, de terminar”.

El stalkeo a la expareja, es un buen ejemplo de no conclusión, propio de esta época.

Los discursos de las redes sociales y de las marcas que participan de ellas, se sienten retadas todo el tiempo a plantear sus productos y servicios (o su vida, en el caso de los influenciadores de este tipo) desde narrativas y conceptos cada vez “más atractivos” y arriesgados, que superen el predecible paisaje de un entorno sumido en formatos textuales y audiovisuales de rápido consumo; llevando al llamado “cansancio de la información”, o Information Fatigue Syndrom (IFS), el cual tiene como consecuencia la incapacidad de pensar analíticamente.

Esta podría ser la explicación a los bajos índices de concentración que se dan hoy en los colegios y universidades, a la dispersión propia de la multitarea y los ya más que identificados problemas para leer y comprender; incluso una simple publicación con información de fecha, hora y condiciones.

 “La masa de información acelerada ahoga el pensamiento” Byung-Chul Han.

Además del consumo permanente de información y la incapacidad de concluir, está la exigencia de producir, de verse efectivo, autodidacta, capaz y mostrarlo en las redes sociales: todos recordamos al comienzo de la pandemia las publicaciones donde primaba la necesidad de verse activos, produciendo, a pesar de las adversidades; ¿recuerdan que a todos les dio por hacer pan?

Es así como las marcas y los mismos usuarios ahogan las redes con información que los haga permanecer con la sensación de vigencia, dejando la pausa del análisis, completamente relegada. Hay pánico a no existir en el algoritmo de unas plataformas que cada vez piden más contenidos, cualquier tik toker puede dar fe de ello.

Los altos índices de insomnio y las consultas cada vez más elevadas de adolescentes con trastornos del sueño, se relacionan con la sensación de estarse perdiendo algo, o con la necesidad de contar aquello que ve como necesario compartir con una audiencia que lo valida desde las automáticas reacciones de las redes sociales. 

La pausa, el momento del descanso, la fiesta sin documentar toman un sinsentido, casi que se cae en el juicio, como consecuencia de un entorno donde los datos determinan momentos, segmentos, estéticas, perfiles y escenarios con los que cada usuario debe relacionarse; dando vida a unas burbujas de información que delimitan la comprensión del otro desde sus diferencias, es decir, hay un consumo de información predeterminado, en ámbitos predeterminados con personas previamente seleccionadas para aumentar interacciones: es un ecosistema de información que se nutre de la dependencia de producción y consumo, de temas cada vez más predecibles por la lectura de intereses que cada usuario ya le arrojó, desde su conducta en la red, a cada plataforma digital.

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