Emprender para aprender…


En 2003 salí a trabajar en un medio de comunicación con la cabeza puesta en una empresa, la mía. Pero necesitaba experiencia, el bicho del emprendimiento estaba no solo en los discursos de la década sino en el ADN que considero me llevó a esta aventura que disfruto a diario.

Siempre digo que si uno supiera en lo que se mete no se lanza al vacío de crear empresa; pero hay una promesa que siempre se cumple al que decide montarse en esta ruleta, nunca es aburrido.

Le sumo a mi historia el hecho de empezar no solo con el ánimo que traen las materias reflexivas de la universidad, sino que vi en un medio al que pocos conocían la oportunidad para explorar; y es que de Internet, del ámbito digital amé siempre la autonomía. El poder crear sin preguntar, el asimilar la responsabilidad al tiempo que otros llegaban a conocer unas razones y motivos de una empresa naciente, que quiso ser primero medio ( El Grifo) para convertirse luego en agencia, porque los servicios son los que suman al capital más que las buenas intenciones de reflexionar ciudad con personajes e historias que muchos leían y pocos pagaban.

Así fue como terminé negociando la oportunidad con la experiencia y el gusto por las historias: y es que las redes sociales se convirtieron en el terreno y abono propicio para dosificar las anécdotas, explotar los formatos, leer las emociones, documentar las pasiones y aprender de quienes se encuentran con una marca.

Cuando hablé de periodismo en la primera reunión comercial, entendí que el término era familiar solo para mí. Que acá la mayoría de la gente se imagina al periodismo en los periódicos y los noticieros, no en las crónicas y los reportajes. Por eso decidí mostrarles, casi como con plastilina a qué me refería con LAURELES GOURMET, una marca que me inventé y que el equipo de Agencia El Grifo ha ido alimentando a lo largo de dos años con un tono único en Facebook, Instagram, Twitter y mi parte favorita: el blog. Y de forma orgánica me fui dando cuenta de que había una tendencia en el ámbito comercial, llamada marketing de contenidos, y que así, muy natural, por ese amor que tengo por contar historias, lo estaba aplicando en los trabajos que lideraba en la agencia y que marcaban diferencia ante propuestas más publicitarias, menos narrativas.

Las personas son la materia prima de cualquier marca, son las que hacen posible que los temas no se agoten. Solo que hay que dedicar tiempo a observar, a mirar despacio, a comprender desde la experiencia en vivo, escuchar, estar ahí como alegaba Kapuscinski. Sí, así sea para vender panes, platos o calzones.

Esto de emprender suena bonito, gusta en los discursos, pero es una forma de vida. Es una mentalidad que acompaña en todos los escenarios, no solo frente a un escritorio, cliente o colega. El emprendedor se mantiene inmerso en una serie de retos que no se agotan, que le mueven el cuerpo, las ganas, pero al mismo tiempo lo hacen retarse en la tolerancia, caer en la reflexión y desgastarse en las preguntas. Todo para convencerse de una buena vez, cuando ve el tedio de otros en sus quejas cotidianas del lunes y las celebraciones del viernes, que después de todo, esto vale la pena, porque vuelvo e insisto, esto será todo, menos aburrido.

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